Biografía de Santa Maravillas de Jesús

Breve Biografía de Santa Maravillas de Jesús

Escrita por la Madre Paloma de Jesús, Carmelita Descalza del Cerro de los Ángeles

 

Nacimiento – Infancia

La Madre Maravillas de Jesús, cuyo nombre era Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, nació en Madrid el día 4 de Noviembre de 1891. Sus padres, pertenecientes a la alta burguesía española, residían por aquella época en Roma, por ejercer allí su padre el puesto de Embajador de España en la Santa Sede. Pero al acercarse la fecha del nacimiento del futuro vástago de la familia, decidieron trasladarse a Madrid – Maravillas tenía que ser española – y se instalaron en un piso de la Carrera de San Jerónimo, nº 28 (hoy 40). La niña fue bautizada en la Parroquia de San Sebastián el 12 del mismo mes y año, recibiendo como primer nombre el de María de las Maravillas.

Fueron sus padres D. Luis Pidal y Mon, segundo Marqués de Pidal, y Dª Cristina Chico de Guzmán y Muñóz. Su elevada posición social, el ambiente de profunda fe y sólida piedad que se respiraba en la familia y la esmerada educación que la niña recibe, van formando en su alma un clima propicio para el desarrollo de las gracias que Dios comienza a concederle y para el cumplimiento de la misión a la que la tiene destinada. Muy pronto se distingue por su clara inteligencia y, sobre todo, por su extraordinaria piedad. Dios comienza a enriquecer a esta alma privilegiada concediéndole el uso de la razón en sus más tiernos años y haciéndola comprender que quiere que sea toda suya para siempre.

Maravillas se caracteriza por su fidelidad a la gracia. Su abuela materna, profundamente religiosa, le lee y explica muchas vidas de santos que la niña entiende perfectamente y trata de imitar. Hace penitencias, rezando con los brazos en cruz, andando de rodillas por las rugosas esteras y hasta llega a querer probar la hiel de una gallina para gustar algo de lo que Jesucristo sufrió por ella.

A los cuatro o cinco años hace voto de castidad. Dios, que obraba misteriosamente en su alma, le dio a conocer en cierto modo, la trascendencia de lo que pretendía. Con toda seguridad afirmaba ella que el Señor le hizo comprender que tenía que ser solo y toda suya, que tenía que darle el corazón todo entero, “sin dividirlo”. Nos sorprende encontrar hace tantos años en una niña tan pequeña esta expresión: “sin dividirlo”, que luego escogería el Concilio Vaticano II para definir la característica de la virginidad; y encontramos en ella cierto significado profético. Confirma esta opinión el desarrollo posterior de su vida.

Por esta época, el día 11 de julio de 1896 recibe el Sacramento de la Confirmación. Fue la suya una infancia llena de inocencia y candor. Ayudada por las Religiosas de la Asunción se prepara con gran esmero para hacer su Primera Comunión. De ese día escribirá ella más tarde:

 

“Fui felicísima; sólo traté con el Señor de mis ansias porque llegara el día de poder ser toda suya en la vida religiosa y siempre es para mí una fecha dulcísima y memorable.”

Juventud

Poco antes había comenzado Maravillas la práctica de la Dirección espiritual. Las Madres de la Asunción la pusieron en relación con un sabio y piadoso jesuita, el Padre Juan Francisco López que gozaba en Madrid de gran fama de Director espiritual y conocedor de espíritus. Maravillas comenzó a frecuentar su confesonario y le visitaba de cuando en cuando en el recibidor donde le exponía, a su modo, las cosas de su alma. Con la vehemencia que le era propia le habló de su vocación, de sus grandes deseos de consagrarse a Dios, pero él no le permitió por el momento más que una vida espiritual seria, acomodada a su edad.

Maravillas quiere ser monja y obra en consecuencia. Lleva una vida conforme al ideal con que sueña: Misa y Comunión diarias, oración, visitas al Santísimo, lectura espiritual, rosario, etc. “Yo no quiero la vida sino para imitar lo más posible la de Cristo.” Estas palabras que más tarde escribiría, podrían considerarse ya como el lema de su vida. El trato con Dios llena su alma de paz y felicidad. El día de su puesta de largo no tiene más que una ilusión: renovar su voto de virginidad, hasta la muerte.

La posición de su familia le obliga a asistir a fiestas mundanas por las que no siente el menor atractivo; ella misma resume así esta época de su vida:

“El mundo que me vi obligada algún tiempo a frecuentar, no tenía atractivo ninguno para mí y deseaba ardientemente consagrarme a Dios.”

Al casarse su hermana da de lado a todos los compromisos sociales y se dedica al apostolado en los suburbios madrileños. Desde ahora se consagra más y más a una ocupación que no dejará nunca: hacer felices a los demás. Acompañada de una Hija de la Caridad visita a familias pobres, se interesa por ellas y remedia sus necesidades espirituales y materiales, empleando para ello todo el dinero que recibe para sus gastos. Se dice de ella en esta época de su vida que va “sembrando alegrías” por donde quiera que va.

Entrada en el Carmelo

El día 12 de octubre de 1919 entra Maravillas en el convento de Carmelitas Descalzas de San Lorenzo de El Escorial. La obediencia a su Director espiritual ha sido el motivo por el que ha retrasado tanto tiempo el ideal de sus sueños. Ahora el sacrificio es duro pues, muerto ya su padre, tiene que dejar a su madre sola, aunque bien atendida por sus fieles servidores. Pero el dolor de la separación no enturbia su inmensa felicidad. ¡Ya es Carmelita! Hija predilecta de la Virgen. Al fin, ve cumplidos sus anhelos: ¡Ser de Dios! Vivir sólo para Dios como siempre ha soñado.

Entresacamos de sus cartas algo de sus primeras impresiones carmelitanas.

No penséis por un momento que os olvido ni olvidaré a ninguno; como os decía, el único sacrificio que tengo que hacer es el de la separación. Por lo demás, me encuentro muy feliz y llenas todas las aspiraciones de mi corazón.”

La vida de Jesucristo en su casa de Nazaret es el ideal que se ha propuesto imitar y a ello se consagra con la mayor generosidad, practicando durante los años de su Noviciado las virtudes que Santa Teresa de Jesús enseña y exige a sus monjas. Y, como a la medida de la correspondencia a la gracia suele ser la felicidad, Maravillas siente en su corazón la verdad de las palabras de su Santa Fundadora:

“Esta casa es un cielo, si lo pude haber en la tierra, para quien se contenta de sólo contentar a Dios y no hace caso de contento suyo”.

Para llegar a asemejarse a su divino modelo, todo le parecía poco. Había tenido tiempo para madurar en su noble familia sus personales convicciones con una seria vida de piedad, con una educación exquisita, con un ambiente cultural muy superior al de muchas jóvenes de nuestros días. Por todo ello su sacrificio había sido más consciente.

“No hay duda, escribió uno de los teólogos censores de la Causa, de que la sierva de Dios realizó un acto heroico decisivo cuando dejó su noble familia para encerrarse en el Carmelo de El Escorial. Paso que determinó este clima de heroísmo cristiano y religioso carmelitano que duró toda su vida.”

Según todos los testigos de la época, Maravillas comenzó su vida religiosa practicando todas las virtudes en grado heroico por la facilidad, prontitud, generosidad y alegría con que las abrazó desde su entrada en el Carmelo.

Era una novicia modelo a la que nunca se podía sorprender en el menor descuido ni menos en una infracción de la Regla. Este conjunto de virtudes encargaron de ayudar a la Maestra en el cuidado de las novicias.

Otra cosa que llenó de alegría a Maravillas fue los orígenes Marianos del Carmelo. La vieja leyenda: “El Carmelo es todo de María” llenaba de alegría su corazón. Su amor a la santísima Virgen venía de antiguo y siempre lo había probado con obras que rayaban en el heroísmo. Basta decir que, ante la dificultad que sentía para rezar todos los días los quince misterios del rosario, se obligó a ello con un voto.

La piedad Carmelitana hacia la Madre de Dios se convertía ahora para ella en un medio de crecer en el amor de Dios y en la práctica de las virtudes y esto llenaba su alma de dicha y de fervor.

Transcurrido el año del noviciado hizo sus primeros votos. Pasó en el noviciado dos años más, como se acostumbra en el Carmelo y, el último, pasó a la Comunidad en la que ocupaba el oficio de ayudanta de enfermera. Así se preparaba con fervor para hacer su Profesión solemne cuando surgió un incidente, al parecer sin importancia, que iba a cambiar el rumbo de toda su vida.

Fundación del Cerro de los Ángeles

Cierto día la campana del locutorio anunció una visita. Eran dos señoras de Madrid que Maravillas había conocido en el mundo. Después de otros temas la conversación recayó sobre el Cerro de los Ángeles.

No es este el lugar indicado para exponer lo que supuso en la España católica de aquellos años la consagración de la Nación al Sagrado Corazón. Nos limitaremos a decir que el 30 de mayo de l9l9, pocos meses antes de la entrada de Maravillas en el Carmelo, Su Majestad Alfonso XIII, reunido en el Cerro de los Ángeles con toda su familia y con el Gobierno en pleno, consagró oficialmente España al Sagrado Corazón de Jesús. El gesto valiente del Monarca repercutió en los corazones de los católicos españoles que vibraron de entusiasmo y fervor. El Cerro de los Ángeles, centro geográfico de España, parecía llamado a ser el corazón de la España Católica y, por contraposición, el blanco donde se concentraba toda la malquerencia de los sectarios.

Se hicieron muchos planes para llevar al Cerro alguna comunidad religiosa que estableciese allí un centro de espiritualidad, una Comunidad de vida apostólica o quizá, había sugerido alguien, un monasterio contemplativo. Pero, según comentaron aquella mañana las amigas de Maravillas, todo había caído en el vacío. El Cerro estaba abandonado; no existía en él ningún acto de culto. Nadie había vuelto a ocuparse de promover allí la devoción al Corazón de Jesús que permanecía solo, tendiendo los brazos a todos los españoles y haciendo oír su llamada amorosa: “Venid a mi todos”, que quedaba sin respuesta alguna.

La visita de las dos señoras madrileñas iba a marcar una etapa decisiva en la vida de la entonces Hermana Maravillas. Desde aquel instante ya no pudo apartar de sí el pensamiento del Corazón de Jesús, sólo en la cumbre de aquel Cerro que representaba para muchos el Corazón de España, y menos aún la idea de una Comunidad de vida contemplativa que constituyese como la lámpara viva que se va gastando y consumiendo noche y día en amor y reparación por los pecados del mundo y en especial por España.

Aunque la idea fuese buena, no era ella la llamada a realizarla. Además, presentía las numerosas dificultades que iban a surgir y que en efecto surgieron. Así pasó algún tiempo forcejeando con la gracia de Dios que tan insistentemente la llamaba, hasta que un día, después de comulgar, no pudiendo resistir más a la fuerte llamada del Señor, prometió consultar la idea con quien pudiera darle luz.

Expuso su situación a su antigua maestra de novicias, la Madre Mª Josefa del Corazón de Jesús, de la que podía esperar que se entusiasmaría con un proyecto en el que se preveía tanta gloria de Dios, y supo por ella que otra monja de la Comunidad, la Hermana Rosario de Jesús, compartía sus mismos anhelos. La cuarta fundadora sería una angelical novicia, Josefina de Santa Teresa, hermana carnal del Padre Silverio, que desde el primer momento se manifestó partidario entusiasta de la proyectada fundación.

La Madre Maravillas, con su habitual prudencia, llevó el asunto con toda reserva. Siempre guardó celosamente en su corazón “el secreto del Rey”. Cuando sus hijas le preguntaban cómo le había pedido el Señor la fundación del Cerro, respondería que se la pedía a gritos.

Parece fuera de toda duda que Dios se sirvió de alguna manifestación extraordinaria, que ella no reveló jamás claramente, pero que se conservó en un papel timbrado con el sello del Carmelo de El Escorial que dice así:

“El Cerro se representó. Aquí quiero que tú y esas otras almas escogidas de mi Corazón me hagáis una casa en que tenga mis delicias. Mi Corazón necesita ser consolado y ese Carmelo quiero que sea el bálsamo que cure las heridas que me hacen los pecadores. España se salvará por la oración”

Con pena tenemos que pasar por alto todas las vicisitudes de la fundación, las consultas que la Madre Maravillas y sus dos Hermanas de hábito hicieron a Padres prestigiosos, entre los que no faltó el insigne Carmelita, Fray Silverio de Santa Teresa y otros Padres de la Orden.

La amistad del P. Alfonso Torres, S. J. con la familia Pidal y la intimidad que éste tenía con el Señor Obispo de Madrid- Alcalá Monseñor Leopoldo Eijo y Garay, hicieron que las dificultades se fueran allanando. La verdad es que la comunidad de El Escorial no se resignaba a perder a una novicia adornada de tan singulares virtudes y prendas tan relevantes, lo que ocasionó grandes sufrimientos a la Hermana Maravillas siempre tan sumisa y obediente a los Superiores. Pero, Don Leopoldo, se entusiasmó con la idea y vio muy claro, desde el primer momento, que el instrumento escogido por Dios para esta obra era ella.

El Padre Epifanio del Santísimo Sacramento, Prior de los Carmelitas de la Plaza de España, fue la providencia visible que allanó las últimas dificultades.
Es interesante a este respecto la carta que la Hermana Maravillas escribió al Padre Alfonso Torres pocos días antes de salir de El Escorial. En ella sobresale la idea que se repetirá en todas las cartas de esta época, de que la fundación del Cerro ha sido una obra de Dios. Si ella ha sido capaz de abrazarse con todos los sacrificios ha sido por tratarse de

“…la realización de un deseo que yo no creo nuestro sino del Sagrado Corazón, por lo que lo tengo muy metido en el mío y no estaría tranquila si no hiciese todo cuanto esté de mi parte…”

La Hermana Maravillas es consciente de todos los trabajos que va a acarrearle esta fundación, pero a pesar de ello escribe:

“Sin embargo de esto, no puedo menos de abrigar en mi corazón un ardentísimo deseo de emprenderlos cuanto antes, para servicio y gloria del Divino Corazón.”

Al fin, el 19 de Mayo de 1924, la Hermana Maravillas, no sin dolor pero con la paz de quien sabe está haciendo la voluntad de Dios, salió de El Escorial con otras tres carmelitas dejando aquel Carmelo tan querido al que siempre tuvo por suyo. Hacia las cinco de la tarde llegaron las cuatro fundadoras al Cerro de los Ángeles donde les esperaba una nutrida concurrencia. Lo primero que hicieron fue postrarse ante el Monumento del Corazón de Jesús, ese Monumento que la Hermana Maravillas había visto en su Carmelo de El Escorial, el que le había pedido a gritos que fuese a hacerle amorosa compañía.

A continuación, pasaron a la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles cuya venerada imagen parecía esperar desde hace siglos el Reinado del Corazón de Jesús en España. Cantaron la Salve y el Te Deum, adornaron su altar con rosas, símbolo de la misión que estaban llamadas a realizar como capellanas de la Santísima Virgen, y se bajaron a Getafe donde les esperaba su convento provisional: una pobre casita que con la mayor ilusión había alquilado para ellas el buen Padre Epifanio.

Las carmelitas abrazaron con alegría las caricias de la santa pobreza que tanto amaban, pues la verdad es que les faltaba todo. Al día siguiente a las 8 y media de la mañana volvió el Señor Obispo para la primera Misa que se celebró en la más recatada intimidad.

Si nos hemos alargado tanto en la narración de los sucesos relativos a la fundación del Cerro de los Ángeles es por estar persuadidos de que, como se ha escrito de la Madre Maravillas, esa fundación es la clave de sus tareas de fundadora, es como el signo de su misión providencial en la historia actual del Carmelo teresiano, sobre todo, en España. Aquella cumbre es el centro geográfico de nuestro pueblo y está consagrada al Corazón de Jesús para que su mensaje de paz, de amor y de justicia llegue a toda España; Él quiso allí un Carmelo, como lámpara siempre encendida que gritase a todos los españoles: ¡cuánto Él nos ama!

Hasta la muerte

Realizada ya la fundación del Cerro no había motivo alguno para retrasar más la Profesión de la Hermana Maravillas, que tuvo lugar el día 30 de Mayo, en la mayor intimidad, como entonces se acostumbraba en el Carmelo, sin más testigos que las tres monjas que formaban la Comunidad y los ángeles del cielo. Más tarde celebró la Santa Misa el Padre Narciso de San José, Provincial de los Carmelitas de Castilla; el sermón estuvo a cargo del Padre Juan Vicente, uno de los Carmelitas que más les había ayudado en la fundación.

La Hermana Maravillas pronunció serenamente la fórmula de sus votos, “hasta la muerte”. Se cumplían al fin sus ansias infantiles cuando, “desde el principio” soñaba ya con dar a Jesús su corazón todo entero “sin dividirlo”.

De las impresiones de la recién profesa nos ha quedado providencialmente una carta en la que escribe al Padre Alfonso Torres:

“Tengo que trabajar mucho pues no he podido ofrecer a Jesús el día 30 más que mi nada, pero como esta nada es ya, por su misericordia infinita, toda suya, El, no lo dudo, ha de transformarla en algo donde brille, por esto mismo, más y más esa misericordia. Yo, por de pronto, quiero amarle mucho y esperarlo todo de Él.”

Dos años aún pasó la comunidad en la casita de Getafe, hasta que se pudieron llevar a cabo las obras del nuevo monasterio que debía edificarse en el Cerro de los Ángeles.

Pronto empezaron a florecer las vocaciones y muy pronto también el Señor Obispo determinó que la Hermana Maravillas se ocupara de las novicias como ayudanta de la Madre Priora. La humilde carmelita no podía comprender que se fijaran en ella para ningún cargo. A esta cruz se añadiría pronto otra mucho más pesada. A pesar de su resistencia y repugnancia casi invencibles, el día 28 de Junio de 1926 fue nombrada por el Señor Obispo de Madrid-Alcalá, Priora de la comunidad. La que había entrado en el Carmelo de El Escorial con tantas ansias de no ser nada, era ya la Madre Maravillas. Toda la vida se la pasaría soñando con dejar este cargo y pasar a ocupar el último lugar de la comunidad; pero los designios del Señor eran otros y tuvo que abrazarse con la cruz del Priorato hasta la muerte.

Deseos de martirio

El 14 de Abril de 1931 se ha proclamado la República en España. El 11 de mayo los principales conventos e iglesias de Madrid son incendiados por las turbas revolucionarias. El Cerro de los Ángeles es un signo molesto que se trata de hacer desaparecer. El convento y sus moradoras corren un peligro inminente. Las familias y amistades les aconsejan que salgan del Cerro, que se escondan en Madrid, pero ellas se niegan. Han pedido permiso al Papa para salir a defender el Monumento del Sagrado Corazón en el caso de que lo asalten sus enemigos y el Papa se lo ha concedido. Saben que no pueden hacer nada, pero si el Corazón de Jesús tiene que caer entre los gritos de odio de sus enemigos, que, al menos, pueda oír los cantos de amor de sus pobres Carmelitas. El General de la Orden, por cuyo intermedio se ha obtenido el permiso, se siente orgulloso de tener tales hijas y se lo escribe en una carta memorable. La Madre Maravillas está feliz. ¡Tiene tantos deseos de ser mártir, de dar al Señor esa suprema prueba de amor!

Lejos de mejorar, las cosas van empeorando. Es una especie de milagro que las monjas hayan logrado mantenerse en su clausura hasta Julio de 1936. Pero desde esos días, Madrid está dominado por el terror. La Madre Maravillas y sus monjas, a pesar de las instancias de muchos familiares y amigos, no piensan dejar el Cerro. Pero el 22 de Julio un pelotón de milicianos y de Guardias de Asalto llegan al convento con una orden de detención y después de hacer un minucioso registro, del que salen defraudados al no encontrar los tesoros que soñaban, se llevan a las monjas detenidas.

Aquí brilla una vez más la serenidad y el valor de la Madre Maravillas. Ha preguntado al jefe de la patrulla si pueden salir con hábito.

-¿Tardarán mucho en cambiarse? pregunta éste malhumorado.

, responde la Madre, como no tenemos costumbre.

Pues salgan como quieran.

Las novicias se reúnen en el coro alrededor de la Madre y hacen en sus manos la Profesión Solemne. Hasta la muerte. Esa muerte que está ahí, tan cerca.

En el zaguán del convento se oye un sordo rumor de gentes armadas. Al fin se abre la puerta y se sigue un silencio impresionante. Entre una doble fila de milicianos salen las monjas con sus hábitos y sus capas blancas al brazo. La Madre Maravillas con admirable serenidad se dirige al responsable y le pregunta si les permite que vayan a despedirse del Monumento. Aquel hombre, desconcertado, le da el permiso con tal de que no tarden mucho. En una escena parecida a las de las mártires de Compiègne, las monjas se dirigen al Monumento cantando el Te Deum. Las acompaña el Capellán que les dirige una impresionante arenga exhortándolas al martirio, que él mismo alcanzará dentro de pocos días.

En el camino hay un momento de peligro inminente. Un camión de gente armada que viene de Madrid les detiene y trata de convencer a los de Getafe de que se deshagan de aquellas monjas. Una vez más la Providencia de Dios hace que salgan incólumes. La llegada a Getafe es otro momento difícil. La chusma se agolpa ante los camiones para ver bajar a las monjas. Se teme cualquier desmán. La Madre Maravillas, que tanto ha soñado con el martirio, cree llegada su hora.

El martirio del corazón

Pero el Señor no le va a conceder más que el martirio del corazón, mucho más duro para ella. El convento destinado a cárcel es el Colegio de las Religiosas de la Sagrada Familia, que acogen a las Carmelitas con gran caridad. Han puesto a su disposición un rincón del desván desde donde pueden ver perfectamente lo que pasa en el Cerro. Allí establecen un convento ambulante. Hacen la oración, rezan el Oficio Divino. Y con la ayuda de unos prismáticos vigilan el Monumento al Sagrado Corazón que es el blanco de las iras revolucionarias. El 7 de Agosto tienen que sufrir el inmenso dolor de verlo caer entre horribles blasfemias.

Bajo el terror

Afrontando mil peligros, la Madre Maravillas y sus hijas se refugian en Madrid, en un piso pequeñísimo. Allí siguen la observancia carmelitana; conservan el Santísimo Sacramento, rezan el Oficio Divino, oyen Misa diariamente y reparten la Comunión a muchas personas perseguidas.

Un día llega una patrulla de anarquistas capitaneada por el jefe de una de las más temibles “checas” de Madrid. Ocupan el portal y las escaleras e irrumpen en la casa entre gritos y blasfemias. El jefe pregunta por la Madre Superiora que avanza serenamente. Viste de negro, de su cuello pende un gran crucifijo que no trata de ocultar. Solos en un cuarto la Madre tiene que sufrir el largo interrogatorio de uno de los anarquistas más temidos de Madrid, que la apunta con un gran pistolón. Pero no tiene miedo y así se lo asegura a aquel desgraciado. Está deseando dar la vida por Dios; y sus monjas lo mismo. Milagrosamente las dejan libres.

Este individuo las visitará todavía otra vez en compañía de su verdugo. La Madre llama a las monjas para que le canten unas coplillas que han compuesto. Y cantan:

Si el martirio conseguimos – ¡qué mayor felicidad!beber con Jesús el cáliz – y después con El gozar.”

Aquel hombre, que tiene muchos crímenes sobre su conciencia, sale de la casa diciendo. “-Después de todo, a mí me gusta que estén así, entusiasmadas con lo suyo. Esto es ser verdaderamente católico.”

La Madre Maravillas rezará siempre por él y cuando llegue el momento dará testimonio de lo bien que se ha portado con ellas.

Ya libres

El 13 de Septiembre de 1937, la Madre Maravillas consigue salir de Madrid con toda su Comunidad y, después de un viaje penoso y difícil, pasando por Valencia y Barcelona, atraviesan la frontera y logran verse en Francia sanas y salvas. Lourdes les coge de paso y hacen un alto en la gruta. La blanca Virgencita parece acogerlas con inmenso amor y les hace sentir que es Ella la que les ha salvado de tantos peligros y llevado a puerto seguro. Desde allí se dirigen a un antiguo convento que ella ha rescatado para la Orden: el desierto de las Batuecas, en la provincia de Cáceres. Es un rincón perdido e incomunicado con el resto del mundo. La Madre no se arredra y establece su segunda fundación. Apenas terminada la guerra vuelve al Cerro de los Ángeles y emprende la ingente tarea de la reconstrucción del convento. Mientras tanto se establece con algunas de sus monjas en unas habitaciones provisionales, desprovistas de todo, que pertenecían a la casa del capellán, y vuelve a encender allí la lámpara viva del Cerro. Dos años tardarán en reconstruir el antiguo convento, hasta que por fin logra verse instalada en él con su Comunidad, que sigue aumentando con nuevas vocaciones. Al fin parece que la Madre Maravillas va a descansar.

Mis delicias

La Madre Maravillas de Jesús alude repetidas veces en sus cartas a unas palabras de la Sagrada Escritura que resonaron insistentemente en los oídos de su alma y que parecen ser el motivo fundamental de esa sed que ardía en su corazón de ganar almas para Cristo, la cual le movió a multiplicar las fundaciones a pesar de todas las dificultades que se le presentaban. Se trata de la conocida frase del Libro de la Sabiduría que dice así: “Mis delicias son estar con los hijos de los hombres.” Estas palabras, que ya había oído en El Escorial, vuelve a percibirlas en el Cerro de los Ángeles en una merced que ella cuenta así a su Director:

“Ayer domingo, al subir la escalera para ir al coro alto a la Misa cantada, recogida, sí pero sin ningún pensamiento particular, oí claramente dentro de mí: “Mis delicias son estar con los hijos de los hombres”. Estas palabras, que me impresionaron fuertemente, entendí no eran en este caso para mí, sino como una especie de petición que el Señor me hacía para que me ofreciera toda entera para darle esas almas que El tanto desea.

Vi claramente, no sé cómo, la fecundidad para atraer almas a Dios de un alma que se santifica, y tan hondamente me conmovió todo esto, que con toda el alma me ofrecí al Señor, a pesar de mi pobreza, a todos los sufrimientos de cuerpo y alma con este fin.

Me pareció entonces que ese ofrecimiento estaba bien pero que lo importante únicamente era abandonarse a la Divina Voluntad, entera y completamente para que hiciese en mí cuanto quisiera y aceptar del mismo modo el dolor que el gozo. ¡Ay, Padre! No puedo decirle lo que experimenté.”

La Madre Maravillas se dejará la vida gota a gota para darle al Señor esas almas que Él le ha pedido y lo hace, aunque para ello tenga que sacrificar su descanso, sus ansias de soledad, su amado “último lugar”, la compañía y la ayuda de sus hijas, y aunque tenga que imponerles a ellas mismas los más penosos sacrificios.

No habían pasado seis meses de esta merced cuando hacía al Señor el sacrificio de sus “inditas”, como llamaba cariñosamente a las Hermanas que salieron para la fundación de Kottayam en la India. (11 de septiembre de 1933)

Sólo quien ha vivido esta profunda caridad que la Madre logró implantar en sus Carmelos podrá comprender la hondura de estos sacrificios; el mayor de los cuales era la separación de la propia Madre.

Algo de ello podemos atisbar en esta carta que escribe a la Comunidad de Batuecas al poco tiempo de su vuelta al Cerro:

“La verdad es que, ¡de qué modo nos ha unido a todas el Señor! No cabe más en la tierra y por eso le ha tenido que ser agradable el sacrificio de la separación que todas hemos hecho sólo por su amor, pero contentísimas de ofrecérselo. Cómo consuela que por este pequeño sacrificio, pues por El todo es pequeño, aunque cueste sangre del corazón, tiene una casa más donde tener sus delicias, perdida entre esos montes y valles, donde otras almas se acogen para vivir sólo para El! Esto no podía hacerse sin nuestra separación. Sí, habíamos de ser nosotras las que tuviésemos la dicha de dársela, puesto que este Cerro santo no había de quedarse sin las Carmelitas que quiso el Señor traer junto a su Corazón.”

El Carmelo, medio de santificación

“La merced de la escalera” es de suma importancia para comprender el carisma de la Madre Maravillas. Ella ha visto claramente que tiene que entregarlo todo, hasta la vida, con tal de darle al Señor esas almas que Él le ha pedido. Como su Santa Madre, ha sentido que el Señor le pide que no deje de hacer estas Casas porque con las almas de ellas tiene Él sus deleites.

Está convencida, porque el Señor se lo ha dado a entender así, de la fecundidad para atraer almas a Dios de un alma que se santifica y, por otra parte, también de la eficacia de la vida implantada por Santa Teresa de Jesús en sus Carmelos. A su modo de ver, no puede haber un medio de santificación más eficaz si se vive con fidelidad.

Muchas veces se lo ha repetido a sus monjas: que una de las mayores gracias que Dios puede hacer a un alma es darle vocación de carmelita descalza. Por eso, tiene que procurarle al Señor esas almas donde Él se deleita, no sólo ofreciéndose, sino enseñándoles con el ejemplo la vida que Santa Teresa de Jesús dejó implantada en sus conventos; sin inventar novedades, sin hacer otra cosa que seguir el consejo que la Santa dio a sus hijas en su lecho de muerte:

“Hijas y muy señoras mías; Por amor de Dios les pido que pongan gran cuidado en la guarda de la Regla y de las Constituciones.”

No es este el momento de hacer un estudio detenido sobre las Constituciones de Santa Teresa de Jesús. Digamos solamente que cuando en el año 1926 el Padre General, Fray Guillermo de San Alberto, hizo la acomodación que propuso a toda la Orden, la Comunidad del Cerro de los Ángeles, de la que era Priora la Madre Maravillas, fue de las primeras en aceptarlas, como después lo fueron haciendo todos los conventos de España. Más adelante las implantó e hizo observar fielmente en todas sus fundaciones.

Fidelidad al carisma

Dos momentos hubo en que se puso a prueba la fidelidad de la Madre Maravillas al espíritu de su Santa fundadora. La primera fue cuando en los años 1951-53, se trató de llevar a la práctica la Constitución “Sponsa Christi” y, particularmente, la implantación de las Federaciones. La Madre Maravillas intuyó que algunos puntos de ellas, o más bien la manera como estaban siendo interpretadas podría perjudicar el carisma Teresiano.

Consecuente con sus ideas expuso su opinión con toda humildad y firmeza a los Padres más eminentes de la Orden.

Al iniciarse la cuestión, escribía al Prepósito General, Fray Silverio de Santa Teresa:

-“¡No, Padre nuestro, no! ¿Cómo vamos a querer cambiar ni una tilde de lo que nos dejó Nuestra Santa Madre, si todo ello es tan perfecto, si nos va tan bien con ello, si vemos que, si de veras lo siguiéramos llegaríamos por ese camino muy pronto a la perfección evangélica?”

Poco después creyó la Madre Maravillas (equivocadamente) que la Santa Sede imponía las Federaciones como obligatorias. Entonces no dudó un momento en aceptar, aunque haciendo ver con todo respeto y humildad las dificultades que veía en algunos puntos de ellas. No sólo obró así, sino que aconsejó a todas las Prioras que le preguntaron que hiciesen lo mismo. Véase lo que escribe a una de ellas.

“Votar favorablemente no tenemos más remedio ¡Qué vamos a hacer si lo mandan de Roma! Pero, con todo respeto y rendida obediencia, creo que debemos hacer constar los daños que vemos en lo de la Visitadora, Noviciado común y cambios de conventos.”

En todo momento se mostró sumisa a sus Superiores y siguió los consejos de los Padres más eminentes de la Orden. Más tarde, alguno de estos le hizo ver que, obviamente, el hecho de proponer una votación demostraba que no existía tal obligación y que, por consiguiente, las monjas debían votar lo que en conciencia creyesen ser de mayor gloria de Dios y bien de la Orden.

Planteadas así las cosas, no sólo los Carmelos de la Madre Maravillas sino el noventa y nueve por ciento de los Carmelos de España votaron negativamente a la implantación de las Federaciones. En todo este asunto resaltó “la actitud respetuosa y mansa pero fuerte, de la Madre Maravillas”.

A continuación, el Secretario de la Congregación de Religiosos y el nuevo Definidor General de la Orden, dieron una vez más la razón a la Madre Maravillas. El nuevo Prepósito General, P. Anastasio del Santísimo Rosario, (más tarde el Cardenal Ballestreros) dio por terminado el asunto.

Otro momento en que se puso a prueba la fidelidad de la Madre Maravillas al carisma Teresiano, fue el de llevar a la práctica las normas del Concilio Vaticano II sobre la renovación de la vida Religiosa. La Madre Maravillas concibió la renovación como la propone el Decreto “Perfectae Caritatis” cuando dice que:

“…las mejores acomodaciones a las necesidades de nuestro tiempo no surtirán efecto si no están animadas de una renovación espiritual a la que siempre hay que conceder el primer lugar.”

y en otro lugar:

“…que la esperanza de la renovación ha de ponerse más en la mejor observancia de la regla y constituciones que no en la multiplicación de las leyes”.

Su propósito fue no cambiar nada de lo que Santa Teresa de Jesús dejó “tan admirablemente dispuesto”, procurando, en cambio, con el mayor empeño la reforma interior para vivir cada día más la vida de carmelitas descalzas, como lo desea y pide el Concilio.

Es una equivocación pensar que en los conventos de la Madre Maravillas se vivía exactamente igual que en los Carmelos fundados por Santa Teresa. De hecho, se adaptó a los signos de los tiempos tomando de ellos todo cuanto podía ayudar a vivir con más facilidad la vida contemplativa. Sabemos que era partidaria entusiasta de muchos inventos modernos y que los implantó en sus conventos y recomendó a sus monjas que hiciesen lo mismo, en la medida de sus posibilidades.

Mientras tanto, escribe, trabaja, mueve todos los resortes a su alcance, pero, sobre todo, reza y hace rezar para acertar con lo que cree ser la voluntad de Dios para ella; a saber, seguir las huellas de su Santa Fundadora, viviendo con toda fidelidad la vida que dejó implantada en el Carmelo, en todo aquello que no se opone a las normas de la Iglesia ni a los signos de los tiempos.

El fruto de sus esfuerzos fue el de alcanzar de la Santa Sede, siempre bajo la aprobación del Prepósito General de la Orden, un rescripto por el que se concedía a los conventos por ella fundados

“poder seguir viviendo nuestra vida como deseábamos, es decir, como nuestra Santa Madre nos puso, quitando, claro está, algunas cosas accidentales que la Iglesia ha dispuesto así”.

Surgió entonces la Asociación de Santa Teresa en la que se agruparon dieciocho monasterios (posteriormente llegaron a ser cuarenta y cinco) unidos en el deseo de conservar el carisma de la Santa Madre Teresa.

Así terminó el problema de las Federaciones y la aplicación de los decretos Conciliares sobre la renovación de la vida religiosa.

La Iglesia estudió posteriormente la cuestión y dictaminó que:

“En toda la intrincada cuestión no aparece mínimamente una actitud de rebeldía ni de desobediencia por parte de la Sierva de Dios a la autoridad de la Iglesia y de la Orden, ni en sentido material ni en sentido formal. Ella pone los medios a su alcance para comprender las decisiones romanas y mantenerse en la obediencia, sea a las disposiciones de la Iglesia y de la Orden como al carisma primitivo.”

Las Fundaciones

Una de las virtudes que más ha brillado en la Madre Maravillas es su confiado abandono en Dios. Ha puesto en sus manos las riendas de su vida y Él la guía por caminos misteriosos e insospechados. Su primera fundación (19 de Mayo de 1924) fue, como se ha dicho, el Cerro de los Ángeles; la segunda en la India (11 de Septiembre de 1933), a donde no le permiten ir pero envía a ocho de sus hijas más queridas. Su amor a la Orden del Carmen le hace rescatar para ella los lugares que un tiempo santificaron los Carmelitas con sus vidas de oración y penitencia: Batuecas (29 de Septiembre de 1937), Mancera (27 de Abril de 1944), Duruelo (20 de Julio de 1947), Cabrera (11 de Abril de 1951) fue un traslado de Batuecas, que cede generosamente a los Padres Carmelitas. Después, como las vocaciones afluyen, funda en Arenas de San Pedro (8 de Diciembre de 1954), San Calixto (30 de Mayo de 1956,) Aravaca (21 de Junio de 1958), la Aldehuela (9 de Enero de 1961), Montemar (7 de Mayo de 1964). Todavía desde su convento de la Aldehuela, reuniendo sus fuerzas ya gastadas, presta ayuda al Carmelo de El Escorial (27 de Agosto de 1964) y realiza una obra magna en el monasterio de la Encarnación de Ávila, relicario de Santa Teresa de Jesús (24 de Septiembre de 1966).

Así va dejando pedazos de su corazón que se convierten en nuevos palomarcitos que, regados por su ejemplo y sacrificios, dan flores de virtudes carmelitanas y aumentan y hermosean la Orden de la Virgen.

Ayuda además a muchos conventos necesitados, funda conventos de Padres dedicados a la oración o al apostolado; costea la reconstrucción del colegio Teológico de Padres Carmelitas en Salamanca, da trabajo a muchos conventos, sacrificando para ello sus propias fundaciones y ayuda material y espiritualmente a otros monasterios. Sus manos son como un canal por el que la Divina Providencia hace pasar cuantiosas limosnas que van inmediatamente a socorrer nuevas necesidades.

Sabe aprovechar los signos de los tiempos escogiendo de ellos todo lo que puede servir para la observancia de la vida contemplativa, y desechando los que de algún modo pueden apartar a las almas del fervor de la caridad.

La Madre Maravillas procura y consigue que sus monasterios, como pide el Concilio, sean “focos de edificación” para todo el pueblo cristiano y que ejerzan una saludable influencia a su alrededor, acercando a Dios a cuantos se acercan a ellos. Ella misma es un faro al que miran muchas almas religiosas de buena voluntad.

Vida de oración

En la Madre Maravillas todo lo que vemos al exterior es fruto de su intensa unión con Dios y vida de oración. Sabemos que, en medio de sus múltiples ocupaciones exteriores, no pierde un momento la presencia de Dios. No contenta con las horas de oración que se prescriben en el Carmelo quita muchas horas al sueño para acompañar a Jesús en el Santísimo Sacramento. Y Jesús le corresponde regalándola en la oración con numerosas e inefables gracias. Una vez ha sentido que el Señor le acercaba a Él y de su Corazón que era como una hoguera de amor saltaban muchas llamas que hacían encenderse el suyo en deseos de que todos los hombres le amasen. Otras veces, al acercarse al Sagrario le parece que Jesús está allí vivo y palpitante y que le habla al corazón haciéndole sentir que la ha escogido desde siempre para ser toda suya y la ha envuelto en un amor de predilección, colmándola de gracias. Ella no tiene más preocupación que conocer la voluntad de Dios y cumplirla, más temor que el de no agradarle, más deseo que el de amarle y dar la vida por El.

Esta profunda vida interior es la fuente escondida de la que brota todo su apostolado externo, su humildad de corazón, su deseo de permanecer oculta e ignorada, su bondad, su afabilidad con todos especialmente con los pobres, su desprendimiento y su claridad de juicio. Es admirable, sobre toda ponderación, el equilibrio con que supo mantenerse en tiempos difíciles para la vida religiosa, en los que, más que juzgar, quiso vivir sencillamente lo que había profesado, siguiendo las huellas de Santa Teresa de Jesús, y procurando que sus monjas lo hicieran. Su “Asociación de Santa Teresa” no tuvo otro fin, ni pretendió otra cosa; y con ella consiguió mantener la paz en sus Conventos y hacer una renovación profunda de la obra de Santa Teresa de Jesús en absoluta fidelidad a la Iglesia y al Concilio Vaticano II.

Caridad con todos

Este amor de Dios que abrasa su corazón le hace volcarse en caridad con todos. Y se manifiesta en su trato sencillo, lleno de caridad y humildad. Prefiere escuchar que hablar; aprender que enseñar; consolar las penas de los demás que acordarse de las suyas. Trata con sencillez a los grandes de la tierra y se vuelca en caridad con los humildes y sencillos. Nadie se acerca a ella con una pena que no encuentre un eco en su corazón y nadie se aleja de su lado sin sentir deseos de ser mejor.

Siempre sembrando amor y alegría en los corazones de sus hermanos, vive para los demás y se sacrifica por todos. Es del mayor interés la labor social que realizó a pesar de su condición de monja de clausura y sin dejarla para nada, más que en casos excepcionales. Vivamente impresionada por la pobreza de la zona vecina a su convento de la Aldehuela, inaugura unos colegios donde reciben formación religiosa y cultural los niños de estos barrios. Entrega dieciséis viviendas prefabricadas a otras tantas familias que viven en chabolas; adquiere un chalet en Madrid para alojar a las monjas enfermas que tienen que acudir al médico; fomenta y ayuda la construcción de una barriada de doscientas viviendas para familias necesitadas en Perales del Río (Madrid); aprovechando la donación de un terreno situado a las afueras de Madrid, lo regala al Instituto Pontificio CLAUNE para establecer en él una clínica para monjas de clausura.

Todo ello con la mayor sencillez y naturalidad, como si no hiciera nada, no buscando ni esperando más agradecimiento que el de Dios; son los destellos de su amor a Dios que se escapan de su corazón, ese corazón que ella decía era tan pequeño y en el que cabía el mundo entero.

La Aldehuela

El día 8 de Enero de 1961 funda la Madre Maravillas su Carmelo de la Aldehuela; no es el último, como hemos dicho, pero sí el último que ella regirá como Priora. El que quedará como relicario de su cuerpo y como lugar de peregrinación a cuantos acudan a venerar su memoria y a encomendarse a su intercesión.

Una vez más, ha reunido a todas sus monjas en el Cerro de los Ángeles como si quisiera que también esta última fundación, y quizás más que ninguna, saliera de la herida del Corazón de Cristo. ¿Qué le ha atraído a la Madre Maravillas a hacer la fundación aquí, en esta Aldehuela escondida? En los encuentros que tenía en Arenas con sus hijas más íntimas, cuando buscaban el lugar más acertado para esta fundación que le imponía el gran número de vocaciones que llamaban a su puerta, se barajaban nombres, había otros ofrecimientos, pero la salida de la Madre era siempre la misma: “¿Y por qué no en Perales?” (Perales del Río era el lugar donde estaba situada la finca de la Aldehuela). La propuesta sorprendía a sus monjas.

¿Cómo la Madre que había querido con tanto empeño alejarse de Madrid, donde era conocida y venerada de muchos, pensaba ahora en volver a fundar tan cerca de la capital? Designios de Dios que no tienen explicación humana. Desde el lugar que se escogió para edificar el nuevo Carmelo se divisaba perfectamente la silueta del Monumento del Cerro de los Ángeles recortada sobre el cielo de Castilla. El Cerro y la Aldehuela, son el principio y fin de una vida carmelitana en la que se destaca fuertemente la espiritualidad del Corazón de Jesús.

Lo más admirable de esta última etapa de su vida no es tanto esta labor social que acabamos de mencionar sino su entrega dulce y amorosa a la voluntad del Señor que va guiando su vida por caminos dolorosos hasta su encuentro definitivo con El. Primero es una parada cardíaca de la que se recupera casi milagrosamente; después graves problemas circulatorios van debilitando cada vez más sus fuerzas. Pero su mente y su corazón están como en sus mejores tiempos. Todavía atiende a sus hijas; se interesa por ellas, cuida de las enfermas, recibe las intenciones que se encomiendan a sus oraciones y se desvive por las necesidades de la Iglesia y del Santo Padre. Las suyas hay que adivinarlas porque nunca se queja. Todo le parece demasiado para ella. Repite a cada momento que no habrá en el mundo una enferma mejor cuidada. Disimula sus dolores para que las Hermanas que la velan puedan descansar. Obedece a las enfermeras y a los médicos, caminando, aunque extenuada, por la conversión de los pecadores. Mantiene su increíble austeridad hasta la hora misma de su muerte e incurriendo en esas sublimes paradojas de los santos, sufre por no corresponder como quisiera al amor de su Dios y recibe la noticia de su próxima muerte exclamando: “Al cielo, ¡qué alegría! ¿Cómo no me lo han dicho antes?”

Del Carmelo al cielo

En esta Aldehuela escondida pasó la Madre Maravillas los últimos años de su vida. Nada más en consonancia con sus deseos de humildad y de escondimiento. Aldehuela; ni siquiera aldea… ¿Qué puede haber en una aldehuela perdida entre jaras y retamas? Pues a esa aldehuela bajó Dios para hacer primores con la Madre Maravillas. Allí pasó ella los últimos años de su vida tratando amores con el Rey del cielo y allí bajó El a buscar su alma hermosísima. Ella había escrito en cierta ocasión: “Cuando yo me muera, ¿cómo será mi encuentro con el Señor?”. También nosotros quisiéramos penetrar ese misterio insondable, pero no podemos. Lo atisbamos el 11 de Diciembre de 1974, al ver que de la glorificación del alma se desprendía como una centellita que iba a dar a su cuerpo. Ese pobre cuerpo con el que había guardado tan pocas consideraciones y que ahora empezaba a desprender una suave fragancia, que no era de nardos, ni de rosas ni de nada de la tierra… Santa Maravillas de Jesús, intercede por nosotros.

La fama de santidad de la que ya gozaba en vida se extendió como una llamarada inmensa. De todas partes llegaban peticiones encomendándose a ella y pidiendo reliquias. Ello movió a dar a su tiempo los primeros pasos para proceder a su beatificación y canonización. La Causa se inició y prosiguió con serenidad por los cauces canónicos, con el beneplácito de la Orden del Carmen.

El 17 de Diciembre de 1996, Su Santidad Juan Pablo II con solemne Decreto, proclamó las virtudes heroicas de la Sierva de Dios. El mismo Sumo Pontífice, el 18 de diciembre de 1997, confirmó el carácter milagroso de una curación, atribuida a la intercesión de la Madre Maravillas. Finalmente, esta preclara hija de Santa Teresa fue elevada al honor de los altares por el mismo Santo Padre, quien la beatificó solemnemente en Roma, el 10 de Mayo de 1998 y la canonizó cinco años después, el 4 de mayo de 2003.

 

RESUMEN

ALGUNAS FECHAS IMPORTANTES SOBRE

SANTA MARAVILLAS DE JESÚS

Carmelita Descalza

1891 – 1974

 

La Madre Maravillas de Jesús, Carmelita Descalza, se llamó en el mundo María de las Maravillas Pidal y Chico de Guzmán. Fueron sus padres D. Luis Pidal y Mon, segundo Marqués de Pidal y Dª Cristina Chico de Guzmán y Muñoz.

Nació en Madrid el 4 de Noviembre de 1891 en la Carrera de San Jerónimo n.28 y fue bautizada el 12 de Noviembre de 1891 en la Parroquia de San Sebastián.

A los cuatro o cinco años hizo voto de castidad.

El 11 de Julio de 1896 recibió el Sacramento de la Confirmación.

El 7 de Mayo de 1902 hizo su Primera Comunión.

El 12 de Octubre de 1919 ingresó en el convento de Carmelitas Descalzas de San Lorenzo de El Escorial en el que tomó el Hábito e hizo su primera Profesión.

El 21 de Abril de 1920 recibe el Santo Hábito.

El 19 de Mayo de 1924 la Hna. Maravillas de Jesús en compañía de otras tres religiosas del convento de El Escorial, hicieron la fundación en el Cerro de los Ángeles, quedando de momento instaladas en una pequeña casa de Getafe, mientras se edificaba el monasterio junto al Monumento del Sagrado Corazón.

El 30 de Mayo de 1924 hizo la Profesión Solemne en Getafe.

El 28 de Junio de 1926 fue nombrada Priora de la Comunidad por el Señor Obispo de Madrid- Alcalá.

El 31 de Octubre de 1926 día en que por primera vez se celebraba en la Iglesia universal la fiesta de Cristo Rey, la Comunidad, aumentada por algunas novicias, dejó Getafe y se instaló en el Cerro de los Ángeles.

El 11 de Septiembre de 1933 a petición de un Obispo Carmelita Descalzo hizo la fundación de Kottayam (India), enviando a ella 8 religiosas de su Comunidad. Su deseo era ir en persona, pero no se lo permitieron los Superiores.

En Julio de 1936 estalló la guerra civil en España. A consecuencia de ella el 22 de Julio del mismo año fue expulsada de su convento por las fuerzas gubernamentales, que la llevaron, junto con toda su Comunidad, detenida a Getafe.

El 7 de Agosto de 1936 el Monumento del Sagrado Corazón fue sacrílegamente destruido y la Madre Maravillas se refugió con su Comunidad en un pisito de Madrid, en la calle de Claudio Coello 33.

El 13 de Septiembre de 1937 salió de Madrid con toda su Comunidad. Dirigiéndose desde allí al antiguo yermo de “Las Batuecas.

El 4 de Marzo de 1939 salió para Getafe, dejando canónicamente establecida la Comunidad de las Batuecas.

El 11 de Junio se puso la clausura en el Cerro, quedando toda la Comunidad instalada en unos pisos de la casa destinada anteriormente a los capellanes de la Comunidad.

El 1 de Diciembre de 1944 inaugura oficialmente el Carmelo de Mancera de Abajo (Salamanca).

El 20 de Julio de 1947 hace la fundación de Duruelo (Ávila), lugar que había sido escogido por Santa Teresa de Jesús para ser la cuna de la Reforma de los Carmelitas Descalzos.

El 4 de Octubre de 1950 cedió a los Padres Carmelitas el convento de las Batuecas para que reanudaran en él la vida de los antiguos “desiertos” Carmelitanos, (casas de oración y recogimiento). Para ello tuvo que trasladar a sus hijas a la ermita del Santo Cristo de Cabrera, lugar muy venerado en la Provincia de Salamanca. La inauguración de este Carmelo tuvo lugar el 11 de Abril de 1951.

El 8 de Diciembre de 1954 llamada por el Sr. Obispo de Ávila, inauguró la fundación de Arenas de San Pedro (Ávila).

El 10 de Diciembre de 1954 envía a tres monjas a reforzar una Comunidad de Carmelitas en el Ecuador.

El 30 de Mayo de 1956 inaugura un nuevo Carmelo en el lugar llamado San Calixto, en la Sierra de Córdoba.

El 21 de Junio de 1958 hace una nueva fundación en Aravaca (Madrid).

En Talavera de la Reina, empleando para ello la herencia de una Hermana, hace levantar de nueva planta, un convento e Iglesia que regala a los Padres Carmelitas Descalzos de la Provincia de Castilla el cual se inauguró oficialmente el 15 de Octubre de 1960.

El 8 de Enero de 1961 hace la fundación de la Aldehuela (Madrid) en donde descansan sus restos mortales.

El 7 de Mayo de 1964 lleva a cabo la Fundación de Montemar, en Torremolinos (Málaga).

El 24 de Agosto de 1964 envía varias monjas de sus conventos al Carmelo de El Escorial, para su refuerzo y restauración.

El 24 de Septiembre de 1966 envía 9 monjas de varios conventos fundados por ella al Monasterio de la Encarnación de Ávila, relicario de Santa Teresa, para refuerzo y restauración del mismo.

El 11 de Febrero de 1973 el P. General de los Carmelitas Descalzos le transmite el Decreto de la Congregación de Religiosos aprobando la Asociación de Santa Teresa.

El 12 de Marzo de 1973 es elegida por unanimidad, Presidenta de dicha Asociación a la que pertenecen 45 monasterios de Carmelitas Descalzas.

El 11 de Diciembre de 1974 muere en olor de santidad en el Carmelo de la Aldehuela.

El 17 de Diciembre de 1996 Su Santidad Juan Pablo II con solemne Decreto, proclamó las virtudes heroicas de la Sierva de Dios.

El mismo Sumo Pontífice, el 18 de diciembre de 1997, confirmó el carácter milagroso de una curación, atribuida a la intercesión de la Madre Maravillas.

Fue beatificada por San Juan Pablo II el 10 de mayo de 1998.

Canonizada por el mismo San Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003.