Oración de los primeros viernes de mes | San John Henry Newman

Viernes 3 de julio de 2026

"(Los santos) no veían ya la luz, sino que ellos eran luzs"
(San John Henry Newman)

Nos encontramos en los últimos años de la vida de John Henry Newman. En mayo de 1875 murió Ambrose Saint John, su fiel amigo, y el único que le quedaba en el Oratorio de los que habían estado con él desde los tiempos de Littlemore. La pena de Newman fue muy intensa. Hasta el final de su vida estuvo rodeado por amigos íntimos, entre los cuales había muchos seglares (incluso familias enteras). Newman consideraba su inmensa correspondencia como una de sus principales tareas pastorales, conservándose unas veinte mil cartas de las muchas que escribió.
 
Cuando la vida de Newman parecía casi terminada, le llegó el reconocimiento oficial. En diciembre de 1877 el Trinity College de Oxford lo nombró su primer miembro honorario. Volvió a Oxford en febrero de 1878, su primera visita desde 1846. En el mismo mes murió el Papa Pío IX y fue elegido Papa León XIII. Un año después Newman fue nombrado cardenal, pese a la oposición de quienes lo consideraban demasiado liberal. Este nombramiento fue una reivindicación providencial de su persona. Por un privilegio extraordinario se permitió al Cardenal Newman permanecer en su Oratorio de Birmingham. Los últimos once años de vida de Newman transcurrieron relativamente en paz, con su comunidad en auge, su escuela, sus numerosas visitas y su correspondencia. Murió el 11 de agosto de 1890 en Birmingham. Newman pidió que en su lápida esculpieran las siguientes palabras: Ex umbris et imaginibus in veritatem («De las sombras e imágenes hasta la verdad»).
 
Considerado por muchos como uno de los inspiradores del Concilio Vaticano II, en 1991 fue declarado Venerable por san Juan Pablo II, en 2010 beatificado por Benedicto XVI y en 2019 canonizado por el Papa Francisco en Roma. Su fiesta se celebra el 9 de octubre porque ese día, en 1845, fue recibido en la Iglesia Católica. En 2025, León XIV lo proclamó Doctor de la Iglesia y copatrono de la educación junto con santo Tomás de Aquino. Su influencia en la Iglesia Católica no deja de crecer ni su “luz” de guiar.
 
Escribe san John Henry: “Los santos se acercaron tanto al objeto de su amor, se les concedió en tan alta medida recibirlo en su pecho y hacerse una sola cosa con Él, que sus corazones ya no amaban el cielo, sino que ellos mismos eran parte del cielo; no veían ya la luz, sino que ellos eran luz”.
 
Señor, gracias por la vida de san John Henry. Gracias por la luz que irradias a través de él y que llega a nuestros días. Yo también quiero ser luz, como él. Pule en mí todo lo que necesites pulir, para ser también reflejo de tu gloria para el mundo.
 

JESÚS, MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN, HAZ MI CORAZÓN SEMEJANTE AL TUYO.