Oración de los primeros viernes de mes | San John Henry Newman
Viernes 7 de agosto de 2026
"Qué distintos son los caminos del Espíritu"
(San John Henry Newman)
Profundizamos hoy un poco más en el pensamiento y obras de san John Henry.
Además de una influencia profunda en la Iglesia, John Henry Newman nos ha dejado un legado literario y teológico monumental, destacando en el ensayo, la autobiografía y la teología. De él dijo san Pablo VI: «Cuando se analice la cuestión en profundidad, se verá que el Concilio Vaticano II fue el concilio de Newman».
Fue pionero en infinidad de aspectos. Por ejemplo, su insistencia en la responsabilidad de los laicos en la Iglesia y la necesidad de que recibieran una formación adecuada, para responder a los desafíos del mundo. A san Juan Pablo II le impactó su manera de abordar la relación entre fe y razón. Y el entonces cardenal Ratzinger, en 1990, al conmemorarse el centenario de su muerte, desarrolló el tema central de la conciencia en Newman, que le había impresionado profundamente, en contraposición al sometimiento total que exigía el nacional-socialismo.
Los ejes del pensamiento de Newman fueron: 1) El desarrollo de la doctrina cristiana sin traicionar su esencia, sino precisamente por fidelidad a la verdad revelada; 2) Fe, razón y conciencia personal, defendiendo la primacía de la conciencia informada y del juicio personal del creyente como elementos esenciales de la vida cristiana; 3) Educación y universidad cristiana con una concepción integral de la educación, en la que la universidad debía ser una comunidad de aprendizaje que forme intelecto y carácter, uniendo conocimiento y virtud (por ello, el Papa León XIV lo llamó «maestro de la teoría y práctica de la educación», invitando a considerar las instituciones educativas como auténticos «laboratorios de la esperanza»); y 4) Teología política y esfera pública, reflexionando sobre la libertad de conciencia y los derechos del católico en una sociedad plural.
Nos dice san John Henry: «¡Qué distintos son los caminos del Espíritu, qué variadas las gracias que imparte, qué profundos y anchos son los ámbitos de la verdad y el bien moral para los que nos ha creado Dios! Comparad unos santos de la Escritura con otros. ¡Qué distintos y qué parecidos! ¡Qué adecuado cada uno a sus propias circunstancias y, sin embargo, qué desprendidos de lo mundano, qué bien asentados y arraigados en el amor y el temor de Dios!».
Señor, a cada uno nos llevas por distintos caminos, todos buenos, en todos para hacernos santos. Señor, que mi vida camine según tu Corazón, que esté bien arraigada en tu Amor. Es lo único que quiero, lo único por lo que merece la pena vivir, como los santos. Aquí me tienes, Señor, haz conmigo siempre y en todo según tu voluntad.
JESÚS, MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN, HAZ MI CORAZÓN SEMEJANTE AL TUYO.
