Oración de los primeros viernes de mes | Santa Teresita del Niño Jesús

Viernes 2 de octubre de 2026

"Quiero santificar mis obras más sencillas"
(Santa Teresita del Niño Jesús)

En este nuevo curso que comenzamos, vamos a dedicar la oración del Primer Viernes a santa Teresita del Niño Jesús.

El 2 de enero de 1873, en la ciudad francesa de Alençon, nació una niña llamada Thérèse Martin. Nadie podía imaginar que aquella niña llegaría a ser una de las santas más conocidas y queridas de la Iglesia.

Su vida fue breve. Murió con apenas veinticuatro años. Tampoco estuvo llena de acontecimientos extraordinarios a los ojos del mundo. Pasó la mayor parte de su vida con su familia y, desde los quince años, detrás de los muros del Carmelo de Lisieux. Sin embargo, allí, en el silencio, descubrió un secreto capaz de transformar una existencia entera: Dios es Amor y su misericordia es infinita.

Es muy difícil darse cuenta de que la vida de Thérèse Martin fue completamente normal. Porque se convirtió en santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, conocida en todo el mundo, con numerosos títulos (doctora de la Iglesia, patrona universal de las misiones, patrona segunda de Francia, etc.), olvidamos que pasó desapercibida para ella.

La santidad de Teresa no se basa en fenómenos extraordinarios. Consiste en «hacer cosas muy ordinarias de una manera extraordinaria». Así nació su «caminito»: el camino de la pequeñez, de la confianza y del abandono en las manos de Dios “como un niño en brazos de su padre”.

A santa Teresita le pedimos que nos guíe por este camino.

(Oración de la mañana escrita por santa Teresita)

«Dios mío, te ofrezco todas las acciones que voy a hacer hoy, por las intenciones y la gloria del Sagrado Corazón de Jesús; quiero santificar los latidos de mi corazón, mis pensamientos y mis obras más sencillas, uniéndolas a sus méritos infinitos, y reparar mis faltas vertiéndolas en el horno de su amor misericordioso.

Dios mío, te pido para mí y para los que quiero, la gracia de cumplir perfectamente tu santa voluntad; de aceptar, por tu amor, las alegrías y las penas de esta vida pasajera, para que un día nos reunamos en el Cielo para toda la Eternidad. Amén».

 

JESÚS, MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN, HAZ MI CORAZÓN SEMEJANTE AL TUYO.