Oración de los primeros viernes de mes | San John Henry Newman
Viernes 3 de abril de 2026
"El cristiano es soldado de Cristo, no es otra cosa"
(San John Henry Newman)
Continuamos con la vida y obra de este santo tan querido. Casi veinte años después de ser recibido en la Iglesia Católica, el propio Newman escribirá en la Apologia pro Vita Sua: “No era que sintiera el deber de convertirme, sino que veía que ya era católico de corazón y que negar esa realidad sería faltar a mi conciencia”.
Después de su conversión al catolicismo, Newman se traslada a Oscott, siguiendo las indicaciones del Cardenal Wiseman y, en septiembre de 1846, junto a algunos de los convertidos que habían vivido con él en Littlemore, parte para Roma, donde es ordenado sacerdote en 1847. Allí también clarifica su vocación y se siente atraído por el Oratorio de San Felipe Neri: un grupo de sacerdotes seculares que viven en común sin emitir votos y con el único vínculo de la caridad fraterna. Newman sintió enseguida el atractivo de san Felipe, que le recordaba a su amigo Keble.
Con el permiso del Papa Pío IX, Newman adapta la regla de san Felipe para establecer oratorios en Inglaterra, de forma que el Oratorio fue el marco en el que se desarrolló el resto de su larga vida. Aunque esperaba fundar muchos oratorios, Newman solo consiguió fundar dos: el primero en Birmingham en 1848 (al que se añadió una gran escuela en 1859) y el segundo en Londres en 1849. Esta segunda casa quedó a cargo de Faber, un anglicano convertido seguidor de Newman. Sin embargo, las diferencias en los enfoques y estilos espirituales de ambos provocaron mucha tensión entre los dos oratorios y el grupo de Faber comenzó a menospreciar a Newman por su moderación. Finalmente, en 1855 se produjo la ruptura entre los dos oratorios, siendo una de las pruebas más duras, y no la única, a las que se tuvo que enfrentar Newman como católico.
Escribe san John Henry hablando sobre las luchas: “El combate es señal genuina de un cristiano. El cristiano es soldado de Cristo, no es otra cosa”.
Señor, a veces sentimos que la cruz nos aplasta. Parece que en este mundo ser cristiano no es fácil, porque vamos contracorriente. Pero, ¿no es verdad que Tú nos invitas a seguir tus huellas, a vivir tu misma vida, a convertir nuestro sufrimiento en causa de salvación para otros, como Tú lo haces? Anhelo servirte más y mejor, Señor, porque anhelo ser cada día más como Tú, vivir como Tú, ser dócil y fiel instrumento en tus manos para la salvación de las almas y consuelo de tu Corazón. En medio de mis luchas, dame tu gracia y tu luz, Señor, para recorrer este camino.
JESÚS, MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN, HAZ MI CORAZÓN SEMEJANTE AL TUYO.
